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Música Clásica y ópera de Classissima

Wolfgang Amadeus Mozart

lunes 26 de septiembre de 2016


Ópera Perú

Hoy

Mischa Maisky: Canto al corazón

Ópera Perú Ciclo Sinfónico - Sociedad Filarmónica de Lima. Mischa Maisky, chelo. Solistas de Tel Aviv. Barak Tal, director. Obras de Mozart, Tchaikovsky, Bruch, Prokofiev y Haydn. Rating: ⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️ Por Gonzalo TelloEl esperado regreso a Lima de Mischa Maisky, uno de los músicos mas virtuosos del orbe y el mas grande chelista de hoy, no podía ser mejor que en el marco del Gran Teatro Nacional, acompañado de los Solistas de Tel Aviv, orquesta de cámara compuesta por jóvenes de estilo y carácter impetuoso que tocan disfrutando de cada compás y en complicidad con sus compañeros.Si hablamos de lo que fue en su tiempo asistir a un recital de Pau Casals o Mischa Rostropovich, hoy podemos decir lo mismo de Mischa Maisky, no solo gran artista por la depurada técnica, sino porque es uno de esos pocos que logra “resucitar” a los compositores con un lenguaje que llega directamente a la mente y al corazón. Es lo que sería Schiff o Argerich en el piano, o Vengerov en el violín.Esta velada es especial por lo variado y sofisticado del repertorio, especialmente en el orden que es tocado. Inicia con la brillante Sinfonía “Júpiter” K. 551 de W.A. Mozart, una de sus obras mas refinadas, inspiradas y virtuosas. El sonido camerístico de los Solistas de Tel Aviv sugiere sutilezas delicadas, especialmente en las cuerdas. La precisión como Barak Tal lleva al conjunto hace que su sonido logre el efecto de una orquesta grande. Maisky interpreta una poco conocida de Tchaikovsky: Versión para chelo y orquesta del “nocturno”, de las “Seis piezas para piano, Op. 19”. En su particular atuendo y presencia característica, Maisky dibuja con el cuerpo las notas de esta obra que concluye con un diminuendo que se diluye en el espacio. Sin pausas, interpreta el “Kol Nidrei, Op. 47” de Max Bruch, con una franqueza y sonido que nos dejan inmóviles. La plegaria de esta intima obra nos llega como flechazo al alma con una franqueza indiscutible.La orquesta interpreta una versión estupenda de la “Sinfonia clásica” de Prokofiev, obra llena de brillo y estilo neoclásico con un lenguaje propio. La orquesta supo darle clase y color, y los músicos, sonrientes y precisos, se divertían en la interpretación con miradas cómplices.Maisky cierra el programa con una obra que ha grabado hace décadas y ha interpretado innumerables veces: El “Concierto no. 1 en Do mayor” de Haydn. Obra con melodías directas, Maisky inicia sus entradas en pianissimo y con hermosos crescendos. Su chelo Montagnana de 1720 aporta un sonido barroco, especialmente en los graves. Un concierto de tal intensidad y con un testamento tan contundente como es el mensaje de Maisky no podía terminar ahí, por lo cual cierra con dos brillantes obras de Tchaikovsky: Las dos últimas “Variaciones Rococó” y el “Andante cantabile”, célebre pieza adaptada para toda serie de instrumentos y conjuntos.(Publicado en Luces del diario El Comercio el martes 13 de setiembre del 2016)

Cuestión de Sensibilidad

18 de septiembre

Arriaga, el Mozart de Bilbao

Juan Crisóstomo de Arriaga y Balzola (1806-1826) murió en París sin llegar a cumplir los veinte años de edad. La comparación con el genio austríaco se soporta en el hecho de la precocidad creativa y la altura artística del músico vasco. Siendo de Bilbao, incluso me parece poco… Sus primeros y tiernos pasos fueron de la mano de su padre, Juan Simón, quien convertido en adinerado comerciante, había sido organista en la iglesia de Berriatua. Al talento natural del niño bien pronto la docencia en Bilbao le quedó pequeña, así que animado por renombrados artistas musicales parisinos, entre ellos el famoso tenor Manuel García, a los quince años se marchó a vivir a la capital francesa, de donde no volvería jamás. En el Conservatorio parisino estudió con Baillot, Fétis y Cherubini. Su talento y capacidad de aprendizaje, especialmente en la composición, pronto le convirtieron en profesor y maestro repetidor. La muerte, parece ser que por tuberculosis, truncó demasiado pronto una más que prometedora carrera. Su disperso legado fue reunido por su sobrino-nieto Emiliano, quien llegó a abrir un Museo con su nombre; con el tiempo también tendría todo un Teatro, el Arriaga de Bilbao, el coliseo de la ópera. Merced a su precocidad, y a pesar de la dispersión, nos han llegado variadas obras de su genio. Desde fragmentos de su ópera Los Esclavos Felices, una Sinfonía para Gran Orquesta, Variaciones para Orquesta, diversas obras sacras y especialmente sus Tres Cuartetos de Cuerda, única obra editada, escritos en 1823 y dedicados a su padre. Los Cuartetos son claro ejemplo del estilo del compositor: equilibrio clásico que remite a Haydn, dominio de la forma y la expresividad mozartianos, vuelo prerromántico en sus desarrollos y dinámicas, al gusto de Beethoven. Posiblemente sea en los tres movimientos lentos de los tres Cuartetos donde ahonda más su capacidad expresiva. Sobre ellos dejó escrito su profesor Fétis: “Es imposible imaginar algo más original, más elegante, más puramente escrito que estos Cuartetos, que no son suficientemente conocidos. Cada vez que eran ejecutados por su joven autor, excitaba la admiración de los oyentes.” Escuchemos el Andante con variazionidel segundo Cuarteto en La mayor, donde nos muestra a las claras el dominio del lenguaje con un género que Brahms llevará a su cima: la variación. El ensoñador y sencillo tema es tratado de manera abiertamente amplia, en cinco variaciones incluyendo el pizzicato. (vídeo Ma Kai Tung) El Presto agitatoque cierra el tercer Cuarteto en Mi bemol mayor, tal vez el más completo, nos remite a Beethoven y al nuevo estilo que comenzaba a nacer con el nuevo siglo. (vídeo CuartetoQuiroga)






Pablo, la música en Siana

12 de septiembre

Adiós verano, adiós

Aunque climatológicamente hablando el verano finaliza por San Mateo, las vacaciones han llegado a su fin y el nuevo curso 2016-17 arranca todavía con ecos del anterior, que no está tan lejos pero parece un mundo. Musicalmente la temporada arranca este domingo con la Ópera en Oviedo y la OSPA en el foso, como es costumbre local, esta vez con el estreno en España de Mazepa (Tchaikovski), y que intentaremos contar desde aquí en la medida del bolsillo, pero sobre todo tras una escapada suiza donde hubo mucho y bueno. Como escribía mi querido danés "Viajar es vivir" y sigue siendo de mis "adagios" que esta vez me llevaron a zonas de Suiza aún desconocidas. Si hubiera que resumir este periplo de agosto bien cabrían palabras como verde, agua, montañas, bicicletas, y por supuesto quesos, salchichas, cerveza más multiculturalidad, no mucha emigración y ésta con trabajadores en un país con moneda propia (el franco suizo) y una historia reciente de neutralidad con secretos bancarios que parecen ir rompiéndose. Sin música en vivo suelo visitar iglesias con sus órganos, edificios emblemáticos, museos, y por supuesto disfrutar de la gastronomía autóctona además de callejear, unas veces sin rumbo fijo, mezclándose con el paisaje y el paisanaje, otras buscando sitios concretos, pero con el factor sorpresa siempre presente. La primera parada en Zürich donde estuvimos en un apartamento a un paso de la estación de tren y al lado de uno de los mejores miradores de la zona vieja (Lindenhof), nos dejó imágenes impensables como las de su universidad, la más grande del país con un edificio que además de albergar distintos museos, tiene réplicas de griegas, romanas o egipcias, paseos por el lago, caminatas varias que nos llevaron incluso a la sede de Google, o una buena raclette en el Hotel Adler, y por supuesto dos edificios que son santo y seña de la actividad musical: La ópera y el Tonhalle, uno a cada lado del lago y verdaderos templos de la lírica y la música sinfónica. La primera no tenía funciones esos días y la segunda acogía un encuentro de música folklórica, pero pudiendo admirar un edificio ampliado que combina épocas sin problemas. Una de las calles que circundan la Tonhalle lleva el nombre del genio de Bonn, y no pude resistir la tentación de la foto con la placa. De las iglesias me quedo con la reformista de Fraumünster con vidrieras de Chagall o Augusto Giacometti, tío del más famoso Alberto, y la protestante de Grossmünster, todas con conciertos de órgano programados, aunque no coincidieron con mis fechas. Tampoco está mal pasear por las zonas comerciales que albergan todas las firmas famosas de relojes, ropa o automóviles. La segunda parada sería St. Gallen, para los músicos una parte de la historia con su famosa abadía originaria de la primera escritura musical neumática, hoy solo facsímiles, también de la cerveza, pero sobre todo con el encanto de una biblioteca barroca, y por supuesto su catedral en cuyo órgano había estado unos días antes el guipuzcoano Esteban Elizondo dentro de un ciclo habitual en cualquier templo que se precie, y la catedral barroca es parte de las giras de los mejores organistas mundiales. Pero el verdadero "campanazo" resultó asistir en vivo a un estreno mundial el 21 de agosto desde la atalaya privilegiada del hospital y residencia geriátrica (hay que ir tomando nota), puede que acústicamente no tan bien ubicado como los miles de "peregrinos" que ocupaban las montañas cercanas, un original proyecto titulado Zusammenklang, capaz de unir tradición al hacer sonar las 118 campanas de las 29 iglesiss de la zona, con tecnología mediante dispositivos móviles que hicieron posible ejecutar la composición de la rusa Natalija Marchenkova, afincada en esta bella ciudad, y el compositor local Karl Schimke, tuba de la sinfónica de St. Gallen. Tuve el humor de grabar el audio, al menos para recordar una experiencia única y que conociendo la complejidad del mecanismo así como todo el proyecto, solo puede darme una idea aproximada de lo que realmente sucedió. Presumir de haber estado "in situ" no tiene precio, y más por el sitio que respiraba paz y sosiego. St. Gallen tiene unos alrededores como la reserva natural del "Wildpark Peter und Paul" desde donde se puede divisar el Lago Constanza, familias al completo y animales en cautividad, escapada cercana al centro, y un poco más lejos llegar a la zona de Ebenalp, tomar un teleférico y realizar la actividad por antonomasia de los suizos, caminar por unas montañas cuidadas y listas para ser fotografiadas como si de una postal se tratase, incluso visitando cuevas prehistóricas. Uno de los restaurantes más curiosos supone una caminata que hace pensar en los trabajadores del mismo y en llenar sus neveras, no solo de su cerveza típica, pero la experiencia es inolvidable. La ciudad de Chur (o Coira), considerada como la más antigua de los Alpes, es acogedora, coqueta, diría que casi familiar, tan cercana como el piso que nos acogió en algo tan habitual como los Bed and Breakfast, y la Catedral de Santa María de la Asunción en lo alto, que alberga una cripta que me recordó nuestra Cámara Santa asturiana por el apostolado, así como un moderno órgano. Pero el protagonista resultó el Bündner Kunstmuseum y su ampliación adyacente, un hermoso edificio recién estrenado el pasado mes de junio a cargo del estudio de los arquitectos Barozzi - Veiga, un tándem ítalo-gallego en Barcelona que también está ligado al danés Andersen en su Odense natal y al centro de arte gijonés, con una belleza única en su diseño, albergando una exposición de la familia Giacometti, por supuesto también Alberto, "Solo Walks" así como otros artistas ligados a esta ciudad de Chur, perfecta conjunción en línea con las obras que exhibe. Siguiendo por esta zona la mayor parada estuvo en Sankt Moritz como cuartel general, aunque también nos llevaron esos trenes orgullo helvético hasta Tirano (Italia). La subida alpina en el más lento del mundo es impresionante: glaciares, ríos, lagos, cientos de tonos de verde a bordo del panorámico Bernina Express en un viaje de cuatro horas que merece la pena hacerse. Y el fin del trayecto en suelo lombardo donde se paga en euros, hablamos italiano con los Alpes de otro color y sabor, visitando el Santuario della Madonna de Tirano, basílica construida en el siglo XVI en perfecto estado de conservación, con un órgano barroco del que no pude disfrutar su sonido pero sí su arquitectura. De St. Moritz habría mucho para contar además de lo ya sabido en tiempos de la decaída jet-set, especialmente en invierno aunque el verano es radiante y con la suerte de unos días de sol increíbles. Un gran lago para caminar a cualquier hora del día bordeándolo, tiendas de lujo, terrazas y restaurantes comidas de todo el mundo, como los conciertos, variados desde la Casa de Cultura local donde el viola da gamba Paolo Pandolfo estaba impartiendo un curso con recital final de sus alumnos, al que no pude asistir, hasta el que ofrecía a precios estratosféricos el hotel más lujoso de la ciudad alpina con el reclamo de un Mozart que nunca falla. Dicen que Asturias es la pequeña Suiza y algo hay de cierto: vacas, leche o mantequilla, también maíz, manzanas, solas o en zumo, aunque la asignatura pendiente de nuestra tierra siga siendo además de la poca publicidad, la limpieza. Un placer caminar por cualquier rincón y no encontrarte suciedad pero tampoco policía. La educación como la cultura se puede legislar, pero básicamente se hereda y refleja la sociedad e idiosincrasia que no se puede copiar ni comprar porque se hereda, supongo que como el dinero. Desconozco si la envidia es sana, y si como escribía Andersen "At rejse er at leve", regresar nos hace añorar lo que no tenemos. Esta región de Engadin tiene lagos, sendas y pueblos cercanos bien comunicados por autobuses, como Sils Maria y Silvaplana, la primera alberga la Casa Museo de Nietzsche, así como hoteles para celebridades que también ofertan conciertos puntualmente (alguno incluso grabado por sus vecinos de Winter and Winter), visitas obligadas antes de regresar a la capital disfrutando siempre de un paisaje de postal. También se celebraba esos días el CSI (Concurso Internacional de Saltos) donde no encontré famosos entre el público pero tampoco jinetes o amazonas de prensa rosa, si bien al lado de la zona equina, en el llamado St. Moritz Bad, está la iglesia católica de St. Karl, con unas modernas vidrieras y ampliación de 1991, más el necesario y obligado órgano que tampoco pude escuchar, pero la querencia por el rey de los instrumentos sigue allá donde viajo. St. Moritz nos regalaba cada día al despertarnos una vista única, la última antes de abandonar nuestro particular refugio, la comparto aquí. La vuelta a Kloten, al lado del aeropuerto, sirvió para saborear las últimas cervezas suizas (es más cara el agua ¡quién lo diría! y no digamos la "frei" sin alcohol) y una comida italiana que parece estar presente como el idioma en una Suiza algo cara para nuestros sueldos, creo que también para los trabajadores (que cobran poco más que en España), con paisajes también para saborear, caminar, paraíso ciclista y última noche antes del retorno a la normalidad. Imposible plasmar tanto aunque el diario de viaje, siempre a mano, ocuparía mucho más espacio. Septiembre me devolverá a la música, en vivo o grabada, pues también tiene su hueco en el blog y lo seguiremos contando tras el necesario descanso estival. Este curso 2016-17 arranca con dudas pero la esperanza nunca podemos perderla...

Wolfgang Amadeus Mozart
(1756 – 1791)

Wolfgang Amadeus Mozart (27 de enero de 1756 - 5 de diciembre de 1791), fue un compositor y pianista austriaco, maestro del Clasicismo, considerado como uno de los músicos más influyentes y destacados de la historia. La obra mozartiana abarca todos los géneros musicales de su época y alcanza más de seiscientas creaciones, en su mayoría reconocidas como obras maestras de la música sinfónica, concertante, de cámara, para piano, operística y coral, logrando una popularidad y difusión universales. En su niñez más temprana en Salzburgo, Mozart mostró una capacidad prodigiosa en el dominio de instrumentos de teclado y del violín. Con tan solo cinco años ya componía obras musicales y sus interpretaciones eran del aprecio de la aristocracia y realeza europea. A los diecisiete años fue contratado como músico en la corte de Salzburgo, pero su inquietud le llevó a viajar en busca de una mejor posición, siempre componiendo de forma prolífica. Durante su visita a Viena en 1781, tras ser despedido de su puesto en la corte, decidió instalarse en esta ciudad donde alcanzó la fama que mantuvo el resto de su vida, a pesar de pasar por situaciones financieras difíciles. En sus años finales, compuso muchas de sus sinfonías, conciertos y óperas más conocidas, así como su Réquiem. Las circunstancias de su temprana muerte han sido objeto de numerosas especulaciones y elevada a la categoría de mito. En palabras de críticos de música como Nicholas Till, Mozart siempre aprendía vorazmente de otros músicos y desarrolló un esplendor y una madurez de estilo que abarcó desde la luz y la elegancia, a la oscuridad y la pasión. Su influencia en toda la música occidental posterior es profunda; Ludwig van Beethoven escribió sus primeras composiciones a la sombra de Mozart, de quien Joseph Haydn escribió que «la posteridad no verá tal talento otra vez en cien años».



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